Marcando la diferencia

Quien no ha escuchado la frase  “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”, la cual evoca a aquella ocasión en donde fueron los religiosos de la época de Yeshuah, llevando consigo a una mujer que había sido encontrada en adulterio, claro está que la intención de ellos no era otra más que probarlo a él.

No cabe duda de que su respuesta fue muy sabia, y más que eso podemos aprender una gran lección. Yeshuah realmente era una persona fuera de lo común, constantemente era criticado por juntarse con personas que eran rechazadas por la sociedad, pero en esta ocasión es muy claro que todos ellos tenían sus errores, puesto que ninguno se atrevió a tirar una sola piedra.

Yeshuah era diferente, no tenía miedo de tocar leprosos o mujeres ritualmente impuras, poco le importaba que lo vieran hablando con samaritanos, él demostró que venía por todos, no solo por aquellos que alardeaban de tener una vida intachable cuando en realidad en su corazón estaban llenos de egocentrismo.

A veces podemos llegar a ser prejuiciosos con aquellos que son diferentes, y algo que aprendí esta semana es que puedes estar bien con alguien, aun si  no estás de acuerdo con su ideología de vida.

Aún entre personas que comparten la misma fe existen diferentes opiniones, pero para que vamos a perder el tiempo discutiendo ideas vacías, en lugar de ir y demostrar un poco de compasión a aquel que sufre por el rechazo de la sociedad.

Es más sencillo mostrar estima a aquellos que piensan parecido, pero amar abiertamente a los que son excluidos es como nadar contra la corriente, y eso señores eso lo que el Maestro quería enseñarnos, a no ser como el montón, y ver a los otros con compasión y amarlo de verdad, y amar es aceptar al otro con todo, sin hipocresía, con sinceridad.

Los dejo con esta frase que expresa muy claramente lo que el maestro quería que aprendiéramos: “No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados”. (Lucas 6:37)

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Todos tenemos cicatrices memorables

Hace unos días mientras tomaba un baño, me quedé apreciando las cicatrices que tengo en el abdomen, son pequeñas pero no dejan de notarse, me quedaron por una operación que tuve hace aproximadamente ocho meses.

Recordé cuando estuve internada, juro que fue la semana más larga de mi vida, estaba deseando tanto regresar a casa, y peor aún la incertidumbre me estaba matando. En una camilla sin nada que hacer y como estuve un buen rato vi llegar e irse varias mujeres, y solo yo y mi compañera María, una anciana adorable, permanecíamos ahí.

Me causaba un poco de gracia ver la preocupación que tenían algunas, la mayoría mujeres maduras, por las cicatrices que quedarían en su cuerpo después de ser intervenidas, se recomendaban unas a las otras los mejores productos que a su parecer les dejaría la piel como si nada, porque sino, como podrían volver a usar bikini ¡Inconcebible!

Yo mientras tanto me tragaba el miedo que tenía, mentalizándome en que todo saldría bien, después de todo tenía a mis seres queridos conmigo, una familia que me esperaba con ansias, y que estoy segura que cada vez que me visitaban deseaban tomar mi lugar, y por supuesto mi compañero fiel que no hubo día que no llegara, me cuidara y deseara quedarse allí conmigo.

Fue en esos momentos de adversidad donde vi el poder de Dios realmente actuando en mi vida, desde el primer día, la atención fue la mejor, las personas amables, y por si fuera poco los milagros de Dios, porque si soy sincera puede que aún estuviera esperando por esa operación.

Mientras a muchas de esas mujeres les habían programado su cirugía con varios meses de anticipación, ahí estaba yo, sorprendida por un enfermero que de pronto me llevaba a sala de operaciones porque otra señora no llegó, ¿Coincidencia? No existen para mi.

El hecho es que estas cicatrices, me recuerdan esos días de confianza en Dios aún en medio del temor, así que además de que creo que nunca usaré bikini, esas cicatrices son memorables, al igual que las cicatrices que llevamos todos en el corazón, por nada del mundo las quitaría de mi.

Si te inspiró mi experiencia, compártelo.

Ejemplo de humildad

¿Te ha pasado que Dios te llena de tantos favores, que llega a crecer un poco tu orgullo? A todos nos pasa de vez en cuando, es propio del ser humano querer ser reconocido. A veces cometemos el error de sentir superioridad por obtener éxito en algo, y eso puede pasar también dentro del ámbito religioso.

En muchos relatos de la Biblia podemos notar que Dios usaba a las personas más humildes, los que tenían un corazón sincero, tal como David, un pastor, Ester una jovencita, los discípulos, pescadores humildes, o Miriam la madre de Yeshua.

Medito en esto después de leer el versículo cuando Miriam después de haber sido visitada por el ángel quien le traía la gran noticia de que iba concebir por el poder de Dios cuando aún ella no había conocido varón, se humilló a sí misma delante del Creador.

He aquí el fragmento de las palabras de Miriam (Lucas 1:46-55) :

“Engrandece mi alma al Señor;
Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.
Porque ha mirado la bajeza de su sierva;
Pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.
Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre,
Y su misericordia es de generación en generación a los que le temen. 
Esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones.
Quitó de los tronos a los poderosos,
Y exaltó a los humildes.
A los hambrientos colmó de bienes,
Y a los ricos envió vacíos.
Socorrió a Israel su siervo,
Acordándose de la misericordia
De la cual habló a nuestros padres,
Para con Abraham y su descendencia para siempre”

Sin duda, es un gran ejemplo de humildad, aún cuando su vientre atesoraba a nuestro Salvador no fue motivo de altivez, sino más bien expresó su humildad al aceptar que su dicha no era más que la misericordia de Dios que halló gracia en ella y la eligió.

La próxima vez que Dios te permita servirle en lo que sea que Él quiera, recuerda que no es porque seas perfecto, sino porque en tu imperfección Él te transforma y te enseña a medida que le sirves, y como dijo Yeshua “El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.

¿Para ti, cuál ha sido el mayor ejemplo de humildad?

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3 consejos para contener tu enojo

Somos bastante complejos. Llenos de miles de sentimientos, unos buenos, nobles; otros que a veces nos preguntamos por qué Dios los incluyó en el paquete.

A veces olvidamos demostrar nuestro cariño a las personas que queremos, una palabra amable, un acto considerado, y tenemos que recordarnos a nosotros mismos que debemos hacer buenas obras al prójimo, y esto nos cuesta un esfuerzo extra.

En cambio expresar nuestro disgusto es un poco más fácil, incluso sin hablar, aun nuestros gestos dicen que algo nos molesta, y lo que es peor, fácilmente explotamos y la mayoría son producto de una mezcla de sentimientos encontrados y no de lo que realmente sentimos.

¿Cuántas veces nos tranquilizamos y reflexionamos en la situación? Casi nunca la verdad, o al menos no antes de una gran disputa. Esto no nos permite determinar si en verdad esa persona tiene razón en los que dice, o si ambos tenemos un poco de verdad.

Recuerdo una historia de un niño que solía enojarse fácilmente, su padre que quería ayudarlo a cambiar esa actitud le encomendó que cada vez que perdiera la paciencia clavara un clavo en una cerca.

El niño se dio cuenta de que era más fácil aprender a contenerse que ir a clavar todo el tiempo, y así lo hizo, así que su padre le dijo nuevamente que cada vez que pudiera dominarse sacara un clavo de la cerca, hasta quitar todos.

Al final el chico aprendió a dominar su temperamento, pero la lección que quiso darle su papá fue que al igual que aquella cerca había quedado llena de huecos y rajaduras después de quitar los clavos, cuando nos dirigimos con enojo hacia las personas, a pesar de nuestro arrepentimiento quedan cicatrices en el corazón de ellas.

Y ahora sí, ahí van los consejos:

  1. Cuando tengas un desacuerdo con alguien, no busques solo hablar y hablar, si callas por un momento y escuchas lo que la otra persona tiene que decirte, tal vez no te hará cambiar de opinión, pero al menos sabrás lo que el otro siente, y podrás ser más comprensivo y no enojarte fácilmente (Santiago 1:19).
  2. Cuando te provoquen o hablen con altanería no te apures en responder, respira hondo por unos minutos, después trata de dar una respuesta amable y educada (Proverbios 15:1).
  3. Cuando te enojes no dejes que crezca una raíz de amargura en tu corazón, en cuanto te sientas más sereno, trata de arreglarte con la otra persona. (Efesios 4:26).

¿Qué piensas de estos consejos, piensas ponerlos en práctica?

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A imagen del Alfarero

Hace unos días recordé una canción  que solía gustarme  mucho, “El Alfarero” se llama. Mientras la cantaba bajito tratando de recordar la letra, no podía dejar de pensar en  la creación, y me refiero a nosotros mismos.

Podría incluso sonar un poco “narcisista” supongo, pero tú eres extraordinario y si no me crees mírate al espejo, eres la obra más preciada de Di-s quien sin duda alguna es todo un artista.

Así como un alfarero moldea sus vasijas, las pule, las cuida, o las restaura de ser necesario, Di-s nos formó del barro a imagen suya tal como lo exclama el profeta Isaías: Ahora pues, Señor, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros” (Isaías 64:8)

Somos como vasijas que Él formó con amor y dedicación. Él nos cuida de caer y cuando nos hacemos daño no levanta en sus manos cálidas,  nos quebranta y restaura nuestras vidas, sin importar lo que hallamos sido porque su amor no tiene medida.

Cuando pases por la prueba no pienses que su furor se ha encendido contra ti, pues aunque merecemos toda clase de castigo, Yeshua fue quien pagó la deuda de nuestro pecar en el madero, aún siendo justo solo por amor a nosotros.

Piensa que cuando Di-s permite que pases por el fuego Él te está puliendo, para que vuelvas a ser la hermosa vasija producto de su amor. No luches más y deja que Di-s te transforme, y como dice la canción:

“Quiero una sonrisa cuando todo va mal
quiero una alabanza en lugar de tu quejar,
quiero tu confianza en la tempestad
y quiero que aprendas también a perdonar”

Sonríe, no hay por qué andar cabizbajo como una persona derrotada, si en Yeshua eres más que vencedor, el enemigo ya no tiene ningún poder sobre ti, y si sabes que todo estará bien, no dejes que la alegría se aparte de ti.

Canta, baila, alaba, deja a un lado la queja. Si está soleado ¡Que calor! y si llueve ¡Que frío!, ¡Basta! Di-s hace de todo para que puedas ser feliz, deja de buscar el lado negativo y recuerda que tus palabras tienen mucho poder, mantén un “Gracias Señor” “Baruj Hashem” siempre en tu boca.

Ya no te preocupes más de lo que está fuera de tu control, aun cuando el camino se torne gris y parece como que caes en un hoyo profundo, piensa que al final del abismo siempre estarán las manos de tu Padre que cuidará de ti y tiene todo bajo control.

No te amargues, no te permitas albergar en tu corazón sentimientos de rencor, perdona de una vez por todas a aquel que te ofendió, Di-s quiere transformarte, Él tiene propósitos muy buenos para ti, déjate moldear a su imagen y forma parte de la gran vasija que tanto ama.

¡Celebra un Yom Kippur diario!

“El día diez del mismo mes séptimo será el Día del perdón. Deberán celebrar una reunión santa, y dedicar ese día al ayuno, y quemar una ofrenda en honor del Señor” (Levítico 23:27).  

El Yom Kippur conocido también como el “Día del Perdón”, es uno de los días más solemnes que el Creador mandó a guardar a su pueblo. Un día donde nos afligimos a nosotros mismos, absteniéndonos de toda clase de placeres, el mandamiento es muy claro de aplicar.

Sin embargo, ¿Debemos esperar un año entero para tener una actitud humilde, y aceptar que  somos pecadores? Entre más buscamos a Hashem más nos damos cuenta de que requerimos de su misericordia cada día. Al ayunar buscamos morir a nuestro orgullo, aceptando nuestras debilidades, pero fortaleciéndonos en Él, reconociendo que nos sostiene.

Diariamente podemos llevar nuestra ofrenda ante el Eterno, aún sin un templo o un animal que sacrificar, así como en Isaías 58:6 donde por medio del profeta Di-s dice:

 “El ayuno que a mí me agrada consiste en esto: en que rompas las cadenas de la injusticia y desates los nudos que aprietan el yugo; en que dejes libres a los oprimidos y acabes, en fin, con toda tiranía” 

A Hashem le agrada que guardemos su palabra, y cumplamos con los mandamientos que Él nos dio, pero no de una manera vacía, sino que vaya de la mano con la parte espiritual, es nuestro deber hacer el bien a nuestro prójimo, ayudando a los afligidos, practicando la justicia y la bondad.

Y finalmente quiero hablar del punto central de esta solemnidad: el perdón, o como suelo llamarle “La medicina del alma”. Al perdonar nos liberamos del rencor que llegamos a albergar en nuestro corazón por las ofensas que otros nos hacen, ese rencor cuando no lo sacamos se apodera poco a poco de nuestro ser y nos llena de amargura, nos aisla de todo.

Al tomar la decisión de perdonar, incluso cuando no vemos frutos de arrepentimiento de la otra persona o sin recibir una disculpa, te liberas y ya no eres esclavo de todos esos sentimientos negativos,  puedes vivir en armonía, contigo mismo y con los demás.

Por supuesto podríamos pensar que es fácil llegar ante Di-s y confesarnos en la intimidad con Él con la certeza de que perdona nuestros pecados, y luego ir tranquilamente a ofrecer nuestras ofrendas, a dar nuestra alabanza pero claramente esto no es lo que el Eterno quiere de nosotros Él desea de ti sinceridad, tal como lo dijo Yeshua:

Así que, si al llevar tu ofrenda al altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí mismo delante del altar y ve primero a ponerte en paz con tu hermano. Entonces podrás volver al altar y presentar tu ofrenda” (Mateo 5: 23-24). 

No puedes presentarte ante Di-s si tu conciencia no está tranquila y sabes que hay una barrera entre tú y tu hermano, pues si no puedes demostrar amor a él a quien ves físicamente, tampoco puedes hacia Di-s a quien no ves, y sino no puedes mostrar tu arrepentimiento cuando has actuado mal con tu prójimo, como podrías pretender que Hashem acepte tus peticiones de perdón.

Recuerda que aunque Hashem estableció fechas especiales, no sabemos cuándo será nuestro último día,  no tenemos la certeza de que llegaremos a esa festividad, por eso necesitamos celebrar un Yom Kippur diariamente, procurando estar en paz con nuestro prójimo y por supuesto con Di-s.

¿Alguna vez has experimentado la libertad del perdón?

Mira con los ojos del Maestro

Hace un par de días tuve la oportunidad de ver una hermosa película llamada “A walk to Remember” o “Un paseo para recordar”. Lo más que esperaba es que fuera súper romántica y me hiciera llorar a mares (y lo logró) pero más que eso me dejó una hermosa enseñanza que quiero compartir.

Y es que antes de ponerla estaba leyendo un pequeño folleto que me regalaron en donde hablaba de nuestro deber de compartir a las personas el mensaje de salvación, y de como para esto era necesario que viéramos los viramos no por lo que son, sino por lo que pueden llegar a ser, quizá en su momento no le di mucha importancia, pero luego esa película  me ayudó a entender un poco más.

Trataba de un joven estudiante quien llevaba una vida bastante desordenada y hacía de las suyas cuando quería, pero todo cambió cuando por uno de sus juegos tontos otro joven sale lesionado y como castigo lo obligan a hacer trabajo comunitario, limpiando, dando tutorías y participando en una obra de teatro.

Es entonces que empieza relacionarse con la hija del pastor de la iglesia a la que lo lleva su madre. A pesar de que eran compañeros de clase jamás habían hablado ya que ella  es una joven muy conservadora y callada, por lo cual recibe burlas de sus compañeros (incluido él).

Durante el desarrollo de la peli, él encuentra algo en esa chica que lo hace cambiar y querer ser una mejor persona, y es que esta joven cree en él, ella ve que dentro de su corazón el puede ser mejor y tiene mucho que dar, y… hasta aquí para no hacer “spoiler”.

Para continuar con lo del principio, esta película me confirmó lo que acababa de leer. Si nosotros somos realmente seguidores de Yeshua, debemos andar como él anduvo, y ver a las personas con el mismo amor y misericordia con que él vio a la mujer samaritana, a la adúltera, al cobrador de impuestos, al religioso, al pescador y así a todas esas personas que aparecieron en su camino deseosos de escuchar palabras de vida eterna.

Él los vio de una manera diferente al resto, como las personas en que ellos se podían llegar a convertir y no los juzgó, sino más bien les habló la verdad con amor y ternura. Aprende tú también a mirar a los demás con “los ojos del Maestro”, siembra amor, practica la misericordia y la compasión, recuerda que con la vara que mides serás medido.

¿Estás dispuesto a cambiarte las “gafas del prejuicio” y ver a los demás de manera diferente?